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Vuelven a envenenar niñas en Afganistán

Israeli soldiers

Hace un tiempo, en un colegio para niñas en Afganistán, varias alumnas comenzaron a sentirse mal. Lo llamativo es que los síntomas eran similares  y todas comenzaron prácticamente juntas. Si se hubiera tratado de una enfermedad contagiosa, difícilmente comenzaran con tanta sincronización, por lo que de inmediato se pensó en una intoxicación. El punto es que en ese contexto, donde un importante grupo de personas se oponen a que las niñas estudien, la sospecha de atentado fue un planteo obvio.

Más tarde se comprobó que esa intoxicación no podía ser por otra cosa más que por la intervención de alguien, no era un accidente. A pesar de eso, los cobardes que lo hicieron, como buenos cobardes no reivindicaron el atentado. Es difícil aceptar que se ataca a niñas indefensas, aún para quienes si lo hacen.

Pues los atentados comenzaron a sucederse y hoy se publica en toda la prensa que ha habido 3 nuevos atentados en varios puntos diferentes del país. Muchas niñas están hospitalizadas, varias de ellas graves. Los hechos se repiten con una similitud asombrosa. Las fuentes de agua son las que se contaminan, de modo de asegurarse el mayor numero posible de víctimas.

Podemos entender y respetar las religiones. Podemos entender y respetar las tradiciones. No podemos ni entender ni aceptar las violaciones a los derechos humanos, así sean en el nombre de un dios, un gurú o un líder político. Nada de esto puede dejarse pasar por alto, tienen que haber consecuencias, si no por parte de los locales por parte de la comunidad internacional.