Mamás

Un gran dilema como madres

Para algunas de nosotras el hermoso acontecimiento del nacimiento de un bebé es seguido por una vigilancia de alta tecnología con un sistema de monitoreo que sigue sus ritmos respiratorios y envía imágenes infrarrojas desde su cuarto.

El siguiente paso podría ser colocar una cámara oculta para vigilar a la niñera. Actualmente los niños en edad escolar pueden ser equipados con GPS para que los padres sepan dónde se encuentran permanentemente.

En el caso de los hijos adolescentes, algunos padres para lidiar con las incertidumbres adquieren spyware para monitorear a sus hijos en Internet y en sus celulares. En otros casos realizan análisis de drogas en sus casas.

Todo eso junto representa una industria multimillonaria que trata de capitalizar los temores de la mayoría de los padres, incluso se ve agravado por la publicidad de los secuestros y los peligros que los acechan en Internet.

Por otra parte, existen industrias muy poderosas que crean esos productos y desean venderlo tratando de convencer a los padres de que los necesitan.

La idea que promueven es que la única manera de ser una buena madre es vigilar a tu hijo las 24 horas, que no se trata de privacidad sino de mantenerlos a salvo.

Los mercados fomentan el temor de que algo terrible le va a suceder, pese a que las probabilidades son mínimas. Siempre existe una mínima posibilidad de que algo le suceda, pero es mucho más grave es quitarle la niñez a ese niño, que crezca rodeado de temor.

Los psicólogos que trabajan con adolescentes nos indican que lo ideal es establecer una buena comunicación, basado en la confianza con los hijos. Pero en caso que el hijo está haciendo algo que genera sospechas, los padres tienen que actuar y no quedarse de brazos cruzados.