Relaciones

No me pasa nada

Veamos una situación muy común. Juan conoce a María en un viaje, conversan por un rato largo, intercambian correos, se simpatizan bastante. De vuelta en casa, Juan envía un correo electrónico a María, le pregunta cómo está, la invita a salir. Salen, se divierten bastante, beben unos vinos, se besan, y luego María invita a Juan a su casa.

Hasta aquí, todo bastante normal. Los amantes luego de unos meses se llamarán cada día más seguido, se regalarán alguna que otra cosilla, y hasta se echarán de menos mutuamente. Tal vez se vean una o dos meses por semana, pero en todo momento quieren saber cómo está el otro, cómo le ha ido en su día, qué le está pasando.

Al cuarto mes, ya podría decirse que son una pareja. La pasión inicial está casi intacta, pero aunque los contactos tal vez sean más frecuentes, se conocen un poco más y ya está asumido que hablarán por teléfono una vez por día al menos. El, sin embargo, empieza a notar que cada vez que la ve ella está como ausente. “Ya no es lo mismo”, piensa. Con el paso del tiempo, la sensación es mayor, siente que le pasa algo, pero ella, ante sus preguntas lo niega sistemáticamente: “No, no me pasa nada”.

En este punto, muchos afirman que se consolida la pareja. El momento en que uno de los dos, en este caso ella, comienza a dudar de la relación. Es un punto clave de la historia. Juan, en nuestro caso, que intuye que ella no está igual que antes, tiene por lo menos dos alternativas: ponerse pesado, o tomársela a la ligera.

Si se pone pesado, le va a preguntar a María cada vez que la vea, si le pasa algo, porque nota que no está como antes. Eventualmente, María notará su inseguridad, se volverá más insegura ella misma, y probablemente la cosa no funcione. Si Juan, en cambio, lo toma con más indiferencia, tal vez ella lo reciba como una falta de atención.

La clave del “cuarto mes” (que puede ser en cualquier momento, no solo en el cuarto, dependerá de la relación) es el equilibrio: el que siente que el otro no está tan entusiasta como antes, deberá manejar con cuidado los hilos, e intentar de no vulnerar susceptibilidades al tiempo que, con prudencia, intenta saber el real motivo del alejamiento del otro.