Salud

Miniaturas que aportan mucho

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Continuando con la entrega anterior, vamos a compartir algunos datos para saber de que hablamos cuando hablamos de semillas.

Otra forma de llamarlas: pepitas y, como básicamente se trata de plantas potenciales, contienen en su interior una fuente de alimento almacenado para su germinación y su desarrollo y una cubierta exterior que la protege. Las semillas son uno de los alimentos más duraderos y concentrados; una vez cosechadas sobreviven al frío y a la sequía.

En general, al hablar de semillas, pensamos en un solo tipo: lino, sésamo, amapola, etcétera, pero el universo de las semillas es más amplio.

Por un lado, tenemos los granos y cereales como por ejemplo: trigo, centeno, cebada, avena, arroz, maíz, mijo, sorgo; los seudocereales, como el amaranto y la quinoa; las legumbres, porotos, lentejas, garbanzos, soja; los frutos secos, nueces almendras, avellanas, etcétera, y las otras semillas ricas en aceites: lino, calabaza, sésamo, girasol, etcétera.

Las semillas nos aportan vitaminas, especialmente la E que es importante por su acción antioxidante que contrarresta los efectos de factores como el paso del tiempo, tabaco, estrés, medicamentos,.

Además nos aportan fibras, fundamentales para optimizar el equilibrio del intestino y, en consecuencia, nuestro metabolismo en general.

También contienen sustancias naturales que se comportan en el organismo de forma similar a nuestras hormonas, principalmente: las isoflavonas, dentro de las cuales son más abundantes y eficientes los fitoestrógenos, necesarios cuando el organismo deja de producirlas en forma natural.

Sin duda para que cumplan su rol, debemos ser constantes, es necesario una dosis diaria de aproximadamente 20 gramos.

También son bienvenidas en nuestras comidas para darle sabor, textura y un cambio sano a las comidas.