Sex and Life

Miedo al sexo (II)

vi_79612_1488357_635991La cultura ha contribuido, sobre todo en el campo femenino, a que el sexo sea cosa de temer.

Los mitos y tabúes que les impiden a las madres hablar de sexo con sus hijas, son constantes en el relato de pacientes fóbicas. La expresión “ay, qué asco”, las caras de “¡qué dolor!” cuando se menciona la primer relación sexual, contribuyen a la idea de que el sexo es más un sacrificio en pos de la preservación de la especie que un acto de pasión.

Muchas de nosotras hemos oido durante nuestra adolescencia algunas historias sobre parejas que no habían tenido sexo porque la mujer en cuestión era muy “estrecha”. Tal definición aludía sin duda a una equivocada idea del Vaginismo. Esta disfunción sexual se debe a un espasmo involuntario de los músculos que rodean el tercio inferior de la misma, que se contraen de tal manera que muchas veces hacen imposible la penetración y otras la vuelven dolorosa; reacción casi siempre acompañada de actitudes defensivas de la mujer: poner las manos en el pecho del varón a modo de barrera e ir “escapando” de esta situación, esto a pesar de ser la mayor parte de las veces involuntario, dificulta el coito placentero y crea situaciones realmente angustiantes para ambos.

La fobia es una estructura defensiva construida sobre el rechazo y la evitación. La persona desea y teme a la vez. Quiere curarse, pero también no quiere. Los pacientes con fobias sexuales son sumamente contradictorios, ya que consultan a psicólogos y sexólogos pero ponen muchísimos peros en el tratamiento. Esto es parte del carácter fóbico: querer todo ya, mágicamente, sin cuestionarse cómo llegó a ese punto.

El miedo principal es el miedo al cambio. Pero la única forma verdadera de vencer los miedos es reconocerlos y decidirse a afrontarlos. Sin excusas.

Imagen: facilísimo