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Mal de amores: un dolor de todas las edades

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Cuando hablamos del mal de amores nuestros pensamientos se remiten a la adolescencia, pero este es un grave error, ya que el sufrir por un amor no correspondido no es una cosa que solamente le afecta a las personas en su juventud. Y mucho menos algo que se cura comiendo chocolate o encontrando un reemplazo para la pareja que ya no está con nosotros.

Quien nunca haya sufrido por amor no podrá entenderlo, pero seguramente estas personas serán un mínimo porcentaje. La gran mayoría ha sufrido una ruptura, un abandono, un desamor; y quien haya pasado por esto sabe lo difícil que es superar estas situaciones. Se suele llegar a extremos en que nos sorprendemos a nosotros mismos por nuestras actitudes y las consecuencias que nos trae este dolor.

Por lo general en el tiempo del sufrimiento, nos sentimos abandonados, solos en el mundo; y solemos hacer cosas que en lo más profundo de nuestro ser nos avergüenzan y no tienen relación alguna con nuestra forma de conducirnos en la vida. El problema en estos casos es que no tenemos otra cosa en la mente, ni lugar en nuestros pensamientos para algo o alguien más que ese sufrimiento; por lo tanto poco nos importa nuestro entorno, y mucho menos lo que opinen de nosotros.

Este sentimiento no hace diferencias, tanto lo sufre un hombre como una mujer, un rico como un pobre, un joven como un anciano; lo cierto es que la forma de sobrellevarlo es diferente según sea un hombre o una mujer quien lo esté padeciendo. Las mujeres recurren casi de manera inmediata a sus amigas y familiares para hablar de lo que le está sucediendo; en cambio los hombres ocultan este tipo de sentimientos.