Relaciones

Machismo, psicoanálisis y disfraces

No somos aquello que está en la apariencia. No somos todo lo que decimos ser, pero podemos dar respuesta a preguntas como “¿qué somos? y ¿quiénes somos?”, a través de cierto contacto con un estrato de nuestro aparato psíquico, al que se ha dado en llamar ‘inconsciente’. Es allí, en esa suerte de reservorio, que podemos encontrar el material suficiente para indagar sobre aquellas cuestiones que no tienen asidero en la conciencia, sino a través de manifestaciones.

Llegamos a aquel saber del inconsciente sólo a través de lo que denominamos sus formaciones: sueños, actos fallidos, olvidos, lapsus, equívocos, síntoma, y chistes.

El origen de la palabra “persona” proviene del vocablo, “prosopón”, muy utilizado en la antigüedad por los griegos para referirse a las máscaras del teatro. Y si existe una función de representación que implique ampararse bajo el término “persona”, esa función es la del disfraz. Le definición de disfraz es: “Artificio que se usa para desfigurar una cosa con el fin de que no sea conocida. Vestido de máscara. Simulación para dar a entender algo distinto de lo que se siente.”

Para el psicoanálisis, en el disfraz está en juego cierta finalidad sexual. Este es un fenómeno mimético, y el efecto del mimetismo es camuflaje, no se trata de pensar al “camaleón cambiando de color según la ocasión”, sólo para concordar con el fondo de “cada ocasión”, sino más bien para confundirse con ese fondo, como se da en el caso de la vestimenta camuflada para las situaciones de guerra. Una realidad entonces es la que se presenta a la mirada, y otra diferente es aquella que se halla detrás de la “cáscara”, y a la que los psicoanalistas se dedican a escuchar.

(Continúa…)

Imagen: webboda