Relaciones

Los hombres y la mujer ideal

La mujer ideal no existe. No sean ingenuas creyendo que no las eligen porque no son la mujer ideal de ese inmaduro de treinta y tantos que las trae de la cabeza. No las eligen lisa y llanamente porque no quieren. La mujer ideal es un chivo expiatorio creado y criado diariamente por los hombres para no tener la obligación moral o afectiva de comprometerse con ninguna.

La mujer ideal es una fatal e imposible mezcla de vedette con niña bien, adolescente rebelde, comunicadora de programa de noticias, cocinera perfecta,  prostituta del bajo, Madonna y esa tierna madre que acuna a su hijo en una plaza… mezcla coronada con dos enormes pechos y una cola esculpida por Miguel Ángel, todo delicadamente flambeado por el fuego de una pasión insostenible.

¿Cómo hacer? ¿Dónde ir? ¿Qué entregar? ¿Cómo tener buena cola, grandes pechos (todo junto), ser inteligente pero no aburrida, buena pero no estúpida, prostituta y recatada, dulce y transgresora, segura pero no soberbia, rubia y morena? Evidentemente no hay nada para hacer, ni lugares donde ir, ni vale la pena entregar.

La mujer ideal es la zanahoria del conejo y tras ella corren todos, pequeños gazapos obnubilados por el campo de zanahorias incapaces de ver una entera. La mujer idealizada e incapaz de encontrar es, como una escalera a la que día a día se le suma un peldaño. Es una infinidad de puertas que se abren una tras otra y, gracias a Dios (para ellos) no conducen a ninguna parte. Y eso es lo que buscan, no encontrarla. Correr y correr como conejitos, quizá procrear como ellos en el camino, pero nunca llegar, para no acabar jamás.

(Continúa…)

Imagen: fotolog