Relaciones

¿La mujer sueña con un amor de telenovela?

¿Qué vemos las mujeres en la telenovela? ¿Qué es lo que la telenovela nos muestra para que nos identifiquemos tanto? ¿Cómo definir a un género que es consumido por 300 millones de televidentes en todo el mundo?

Este producto cultural circula en las pantallas desde principios de los años 50. La telenovela se configura así como la hija primogénita y una de las favoritas de la televisión.

Este híbrido cultural refleja la cotidianeidad, permitiendo lágrimas y risas frente a las caricaturas exhibidas. En el culebrón se llora, se culpa a los demás, se reconoce, se apropia.

Ningún otro género ha penetrado tanto. La telenovela es el lugar en donde las estructuras sociales pactan con los sentimientos y de ahí surgen los sueños, la búsqueda de identidad, la nostalgia, la bronca, la impotencia, las lágrimas.

Las telenovelas tradicionales juegan a la fantasía de amores entre ricos y pobres, príncipes y mendigos. Refuerzan la diferencia entre los sexos alentando la aceptación de la dominación masculina presentándola como si se tratara de una fuente de felicidad para la mujer, ya que otorga seguridad, estabilidad, respeto.

No nos olvidemos, por citar un ejemplo, de aquellas historias en las que el galán termina una discusión propinándole una sonora cachetada a protagonista de turno, o a esta misma desdichada, violada por el galán que, años después, se convertiría en el príncipe azul que la salva de la miseria del campo explotado por el patriarca de turno.

“La mujer todo lo puede, todo lo soporta, todo lo sufre”. “Parirás con dolor”. ¡Sufrimiento, dolor, dolor, sufrimiento, más sufrimiento, sino no has vivido mujer! Sólo falta agregar que el sufrimiento es innato en la mujer.

Las telenovelas atraviesan nuestras vidas, porque son vidas de novela. Sólo esperan justicia y reconocimiento. De allí la mágica atracción novelera de seguir atentas frente a las historias melodramáticas que devuelve un poco de esperanza. Esperanza que sacude la memoria, colabora con el olvido frente al maltrato de una sociedad que discrimina, expulsa, ordena, sanciona y somete.

Pero… ¿no es hora de replantearnos si esto no nos aleja cada vez más de nuestro verdadero horizonte superador, como seres sociales pensantes?