Salud

La melancolía de los domingos

Family reading in living room on Sunday, looking at the camera and smiling.

Cuando llega el sábado nos encontramos distendidos, alegres y llenos de proyectos; pero nuestro humor suele cambiar totalmente cuando finaliza el domingo. Algo hace que en ese momento nos pegue un fuerte golpe la melancolía. ¿Cómo hacer para esquivar ese golpe? Horas temidas la del atardecer dominical, que además durante las estaciones invernales acentúan su tristeza sobre un paisaje de fríos y grises nubarrones que coinciden con nuestro estado interior.

Tanto esperar el fin de semana, y ahora nos amenaza la tristeza del domingo.

El sábado es un día repleto de posibilidades, y de magia. La gente va y viene, preparándose para sus planes, dispuestos a soltar tensiones. Todo parece posible: encuentros, reconciliaciones, momentos de alegría, hasta una noche romántica o lujuriosa, a gusto de cada imaginación.

El domingo, por su parte, es ese día que se puede desorganizar de cualquier manera: despertarnos sin el odioso despertador, almorzar más tarde, disfrutar del placer de hacer lo que queremos y no podemos durante la semana, o del placer de no hacer nada, ¿por qué no?.

¿La verdad? Cuando llega el domingo, ya está liquidado lo que habíamos imaginado para el sábado. Igual todavía nos queda esa pequeña vacación de un día. Probemos: el cuerpo decide, y la mente descansa. ¿Descansa? Parece que en general no es así.

Al parecer, y aunque todo a nuestro alrededor quiera hacernos sentir que es una fiesta, somos unos cuantos los que no le encontramos ese lado de felicidad a este día de la semana.

Y es que si no nos gusta el fútbol, ni las crónicas deportivas, si nos indigesta la TV con sus locutores sonrientes que nos gritan como si fuéramos sordos (y tontos) ¡¡¡Feliz domingo!!!, si después de leer de punta a punta el periódico, cortar el pasto, lavar el auto y hacer todo cuanto nos podía distraer, no queremos arreglarnos y salir a dar vueltas por la ciudad, a exhibir nuestras aburridas vidas como tantos, estamos expuestos a un encuentro con la temida “melancolía del domingo”. Ni qué hablar si estamos solos.

El tema tiene mucha prensa: se han escrito canciones, numerosos poemas, se pueden encontrar páginas en Internet e incluso redes solidarias para combatir la melancolía.

Al fin de cuentas la gran pregunta parece ser: ¿Por qué nos deprimimos? y para ellas hemos confeccionado una pequeña lista de posibles respuestas:

* Porque ya llegó el fin de otra semana.
* Porque el relax nos pone más tiernos y sensibles.
* Porque tenemos tiempo para pensar acerca del sentido de nuestras vidas.
* Porque el lunes vuelve inexorable, lleno de obligaciones.
* Porque no sabemos qué hacer con el ocio.
* Porque somos demasiado propensos a las fantasías, y poco artífices de nuestra felicidad real.

He aquí algunos consejos que pueden ayudarte a pasar un domingo sin esa extraña tristeza:

1- Cámbiate y sal, pero no para “ver gente” sino para encontrarte con algún amigo o amiga que sea capaz de sostener una buena conversación.
2- Ve al teatro o al cine.
3- Reserva un vídeo seleccionado para ver en casa.
4- Disfruta de esa música que tanto te gusta.
5- Lee esos libros que tienes pendientes, juega juegos de mesa con algún ser querido para disfrutar un momento más aplacado de intimidad en familia.
6- Ahora que podemos hablar por teléfono muy privadamente, puedes hacer esa llamada que tantas veces has pensado y nunca se concreta.
7- Aprovecha para mirar vidrieras con tranquilidad.

Esperamos que estos posts te sirvan para que tus domingos ya no sean melancólicos y en cambio se transformen en el último momento de descanso del fin de semana disfrutado plenamente.