Cotilleos

Imagina un mundo sin Darwin

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Ben Stein ha tenido las más variadas ocupaciones: fue fiscal, escritor, presentador de programas de televisión, actor y comediante. Se caracteriza, en general, por ser polémico y por sus declaraciones osadas y controvertidas. Se opone al aborto, considerándose “pro vida”, al tiempo que critica el sistema de impuestos norteamericano por considerarlo demasiado “amable” con los ricos.

La más reciente de sus osadías, que ha impactado con alguna potencia en la opinión pública estadounidense, involucra a Darwin, la religión, John Lennon, Yoko Ono, los Nazis y la comunidad científica. Este combinado extravagante dio como resultado una película documental llamada “Expelled, No Intelligence Allowed” (Expulsado, Inteligencia No Permitida, comentada hace un tiempo en este blog), una especie de manifiesto neo-religioso anti-darwinista que intenta reflotar entre otras cosas, basándose en la idea del “diseño inteligente”, el tema de la creación del universo, la evolución (o el rechazo de ésta) y el por qué estamos en este mundo.

La idea de diseño inteligente no es nueva. Es más, se podría decir que es una de las ideas más viejas de toda la historia de la humanidad: alguien ha creado todo esto, un ser superior, un ente inefable. Ese alguien suele ser Dios. La clave de la película de Stein es, precisamente, que intenta mostrar como una idea renovadora o superadora de lo que conocemos, algo que en realidad es tan viejo como nuestra historia misma. Llámese diseñador inteligente o divinidad suprema, la cuestión es que, como hay cosas que la ciencia no puede explicar, se apela a una entidad superior para solucionar el problema. Stein, además, va más allá: dice que la ciencia es la gran responsable de, por ejemplo, los grandes exterminios masivos, como los ocurridos durante la Alemania Nazi, y que la teoría darwinista de la evolución no explica, por ejemplo, la creación.

Efectivamente, la teoría de la evolución no explica la creación del mundo, porque no ha sido tal su objeto. Pero hay un error todavía más grave, que Stein comete (in)advertidamente: confunde al darwinismo de la evolución natural de las especies, una teoría biológica, con el darwinismo social, que se conoce más comúnmente como spencerianismo, basado en las ideas de Herbert Spencer, que nada tiene que ver con el darwinismo de Darwin. Se trata de una analogía que equipara a la sociedad con la forma de evolución natural, en la que sobrevive el más apto en un ámbito de constante competencia. Las ideas racistas de Hitler y sus predecesores probablemente hayan tenido algún fundamento en el spencerianismo o en teorías similares, pero desde ya que estos conceptos no se pueden asociar ni a Darwin ni a la ciencia en general.

Stein, no conforme, aboga por más retrocesos en el tiempo. Dice, por ejemplo, que no es aceptable la separación entre ciencia y religión, porque esta última explica cosas que la primera no puede. Además, supone que la ciencia sin religión es intrínsecamente mala, porque es usada con fines violentos y negativos para la sociedad. De nuevo, Stein confunde los términos: olvida, por ejemplo, a la política, que es lo que en definitiva determina para qué se usa, por caso, la energía atómica. Y nuevamente desconoce la historia, y las millones de muertes que se han producido en la historia de la humanidad en nombre de la religión, cosa que hasta la misma Iglesia Católica ha admitido.

Los errores que comete Stein, aparentemente, están muy claros para Yoko Ono, que ha reclamado que el conductor televisivo no usara la canción “Imagine”, de John Lennon, de la cual ella tiene los derechos. Stein la utilizó para su película y, por lo visto, podrá seguir haciéndolo, porque un juez norteamericano rechazó el pedido de Ono de que la canción no fuera usada. Por lo visto, algún “diseñador inteligente” prefiere que Stein siga difundiendo su mensaje retrógrado.

Fuente | El país