Relaciones

Frases que debemos evitar decir a los niños

Educación de niños pequeños

La educación de los niños desde que son pequeños es responsabilidad de todas las personas de su ambiente, pero sobre todo de sus padres y familiares más cercanos. En muchas ocasiones, lo adultos pronunciamos hacia los pequeños unas frases que pueden influir negativamente en su educación. Descubre qué frases debemos evitar decir a los niños.

Para no dar un paso en falso en la educación de los hijos, los padres deben ser cuidadosos en utilizar ciertas frases que con frecuencia se nos pueden escapar hacia los pequeños, produciendo un efecto muy negativo en ellos sin darnos cuenta.

“No llores”. El llanto de un niño es la forma de expresar sus sentimientos. Desde que son bebés, es la única forma que tienen de llamar la atención de los adultos, y a medida que van creciendo, tenemos que ayudarles a saber expresar sus sentimientos con palabras, en lugar de que lo hagan con el llanto, pero nunca decirles que no lloren.

Cuando veamos a nuestro pequeño llorar, no debemos desesperarnos. En ese momento debemos hablarles con tranquilidad para que él mismo nos diga qué le ocurre, qué le preocupa, de qué tiene miedo. Al ganarnos la confianza de nuestros hijos de esa forma, le será más fácil expresar sus sentimientos con palabras en lugar de con el llanto, y seremos unos padres mucho más cercanos.

“Debes esforzarte más”. No debemos forzar a nuestros hijos a que den más de sí en ninguna actividad. Los niños hacen lo que pueden, al nivel que sus pequeños cuerpos pueden hacerlo. Si tu hijo no llega al nivel que tú deseas, obligándolo a esforzarse más sólo conseguirás que deteste esa actividad, porque verá que no la hace bien y que nunca podrá llegar a dónde sus padres le exigen. Deja que él mismo se esfuerce por su cuenta y llegue a dónde él quiera o pueda.

“Verás la que te va a caer cuando venga papá a casa”. Cualquier tipo de amenaza, y más si incluye a terceros, potencia el miedo del niño hacia los padres o hacia la persona a la que se hace referencia. No debemos influir sobre los niños a base de amenazas, ya que nunca son efectivas. Un castigo justificado y a tiempo, o tan solo ver la tristeza de sus propios padres en sus ojos por algo que haya hecho mal, es mucho más efectivo en un niño, sin la necesidad de amenazarle por haber hecho algo malo.