Relaciones

Encuentro Pasajero

 Encuentro Pasajero

Aquella era una mujer celestial. Emanaba sonrisas y amor a cada lugar donde iba. Su pelo era el viento: se movía, sin permiso, por donde le daba la gana, soltando su perfume inconfundible. Las mejillas, rosadas, empalidecían con el frío y cada palabra que soltaba dibujaba el vapor de su aliento en el aire.

-Frío, ¿no?,- le pregunté.

Me miró raro. Pude intuir que hacía rato nadie le dirigía la palabra. No, en todo caso, un completo extraño como lo era yo.

-Sí, mucho,- respondió con una sonrisa, – Y llevo mucho tiempo esperando al tren… ¿sabes si ha pasado algo?

-Han apresado al maquinista. -bromeé - Al parecer acosó a una pasajera.

Sonrió. Nada mejor que una humorada para comenzar un diálogo. Le pregunté a dónde iba y resultó que bajaba en la misma estación que yo. Era perfecto, ahora podía hablarle todo el viaje.

Y así fue. Hablamos de todo. De su vida, sus pasiones, sus temores, sus ilusiones. La dejé hablar, que contara sus cosas, dejando que se sintiera cómoda. Nada mejor, en una conversación, que dejar que el otro se suelte, nos hable, quiera expresarse.

Cuando llegamos a destino, la invité a tomar un café. Aceptó con gusto, fuimos a un lugar muy cálido cerca de mi apartamento que conocía muy bien, así que estuvimos los dos bien cómodos. Mi intención, en todo momento, fue hacerla sentirse bien.

Terminado el café, pagamos la cuenta entre los dos, y cada uno a su casa. Le dije que el destino nos había juntado, pero que al destino hay que ayudarlo: no era muy probable que nos encontráramos nuevamente, en una ciudad tan grande. Rió de nuevo y me dio su número telefónico.

La volví a ver, pero esa es otra historia.