Relaciones

¿Elegimos a nuestros amigos?

He perdido, en lo que va de mi vida, a muchos amigos. Es que, según lo veo, los amigos están para comprenderse mutuamente. Si uno no entiende al otro, si lo que prima es la competencia y la mala voluntad, si el rencor o la envidia son moneda corriente en la relación, entonces mejor hacerse a un lado, y dejar que la cosa muera.

La amistad, creo yo, lejos de lo que se suele decir, no es algo que escojamos. Creo que no escogemos a nuestros amigos, de la misma forma que no escogemos a nuestros padres. Es bastante similar. Se podrá decir que hay diferencias, sí, pero la amistad es producto de nuestra vida, no al revés. Uno no va eligiendo amigos según mejor le convenga, o al menos la verdadera amistad no se trata de eso. Uno va haciendo amigos a medida que conoce gente con intereses afines.

Esto se comprende a la larga. De chicos tenemos algunos amigos, en la escuela, por ejemplo, que responden a ciertos parámetros de lo que en esos momentos consideramos amistad. Pero sucede muy a menudo que, cuando crecemos, vemos en ellos que no son exactamente lo que queremos para nuestras vidas, que no satisfacen nuestras verdaderas necesidades de amistad, y por eso buscamos otros amigos, que se ajusten más a nuestra forma de ser.

Por esto, muchas veces terminamos la escuela y a nuestros amigos de años no los vemos más, o los vemos con menos frecuencia, y comenzamos a estar más cerca de nuestros conocidos del trabajo o de la facultad. Y esto es porque comparten nuestros intereses, viven vidas más o menos similares a las nuestras, y se acercan más a lo que queremos. Pero esto no significa que los hemos elegido: lo que hemos hecho, en realidad, es elegir una forma de vivir, y eso es lo que atrae a nuestras amistades.