Relaciones

El valor de la verdad

The Moon Valley

Un lamentable hecho ocurrido en Perú ha originado un debate sobre los programas de televisión. La anécdota es muy simple y muy triste. Una joven de 20 años se presentó como concursante en el programa de televisión llamado -El valor de la verdad-. De hecho, consiguió ganar una cantidad de dinero muy importante para ese país, unos 4600 euros, fruto de su participación. El problema es que fue asesinada  y todo indica que a causa de algunas cosas que habría confesado durante la emisión del programa.

La idea era ser muy honestos con los detalles más oscuros de la vida personal. En este caso la joven contó que ejerció la prostitución, algo que no sabían ni sus padres ni su novio (obviamente que si la producción). Como mínimo, fue muy humillante, ya que no es precisamente bien visto ser prostituta (claro que usar esos servicios no es mal visto, hipocresía que le llaman). El novio la mató y escondió el cuerpo, que recién apareció ayer.

El punto es la responsabilidad de quienes produjeron este programa. Tal vez desde el punto de vista legal no tengan problemas, pero desde el punto de vista moral, si. En una sociedad machista promover que una joven reconozca que ha ejercido la prostitución es exponerla inútilmente. Digamos que la probabilidad de que las cosas terminaran mal era del 100 %.

Es el momento de preguntarnos porque consumimos este tipo de programas. Porque nos interesan los problemas tan profundos de los demás, pero no para ayudar a la solución, solo para entretenernos viendo como se humillan.