Relaciones

El Secreto de las Conversaciones Iniciales

Recuerdo cuando, de chico, mi abuelo me hablaba sobre el fascinante mundo de la termomecánica. Como siempre fui buen escucha, -de lo que no me arrepiento- prestaba atención a cada una de las descripciones que mi entusiasmado abuelo hacía sobre intercambiadores de calor, ventiladores, y demás cuestiones que solo a él le interesaban.

Con el tiempo me fui dando cuenta de que el único en mi familia que escuchaba a mi abuelo era yo, y que cada vez que él intentaba iniciar alguna conversación con alguien, todos le escapaban porque temían que comenzara con sus aburridísimas lecciones. Y esto es porque, en un espacio de intercambio social más o menos ameno, hay obviamente algunos temas que es mejor guardárselos para cuando sean imprescindibles.

Con esto nos queremos referir a las charlas iniciales, aunque aplica a todo tipo de conversación que no tenga por objeto hacer una exposición sobre un tema en particular. Y para no desviarnos demasiado del tema, propondremos algunos puntos a tener en cuenta para cuando uno empieza a conocer a alguien y quiere buscar de qué hablar:

  1. Evita la política, religión o temas que puedan herir alguna susceptibilidad. Y no porque esté mal hablar de ello, todo lo contrario, pero cuando uno no conoce a alguien con alguna profundidad, es posible que alguno de esos temas no lo haga sentir de lo más comodo, por lo que es conveniente obviarlos al principio.
  2. Por lo tanto, las situaciones o temas cotidianos son de lo más simpáticos. Las anécdotas de cualquier índole, sean graciosas o no, logran generar un vínculo de identificación especial. El solo hecho de contar una pequeña historia puede mantener interesado a nuestro interlocutor por un rato.
  3. Por ello, haz la anécdota interesante. Adornala con tus sensaciones e impresiones de lo que viviste, cuenta los detalles y pormenores, por qué tomaste tal o cual decisión, cuáles fueron las consecuencias. Recuerda que vale más la forma en que cuentas la historia que el relato mismo.
  4. No canses. Hablar indefinidamente no te hará más interesante. En general, saber escuchar tiene mucha más importancia que saber hablar. Eso demuestra un interés genuino en el otro. Haz preguntas, indaga, sin temor a preguntar algo fuera de lugar. Si te parece que has preguntado algo inconveniente, pasa a otro tema.
  5. Aprende a calibrar. La calibración es, dicho simplemente, equilibrio. Calibrar significa adecuarse a la respuesta del otro, identificar qué cosas el otro toma a bien o mal y, de alguna manera, sacar provecho de eso. No por intentar manipular, sino por tratar de entender cuáles son los intereses y motivaciones de tu interlocutor.
  6. Ten sentido del humor. Esto no significa saber contar chistes, o sacarle puras risotadas y carcajadas, sino simplemente saber reír y acompañar la risa en caso de que se presente alguna situación graciosa.

Estos son solo algunos conceptos básicos a tener en cuenta a la hora de entablar una conversación con otras personas. Se trata de un juego, un ida y vuelta que debe ser correspondido mutuamente para que la cosa funcione. Nuestro rol es intentar hacer esto de manera relajada y conciente, para obtener los mejores resultados.