Cotilleos

El estrés por cambiar de casa

El cambio de casa puede traernos algunos problemas como por ejemplo: problemas de sueño e irritabilidad. No es nada raro si tomamos en cuenta que embalar, empacar y ubicar todo en un lugar nuevo (tarea que de por sí es agotadora y debería haber un curso para aprender a hacerla correctamente…)   no es el único trabajo que tenemos por una mudanza.

Tenemos que volver a acomodar nuestras rutinas, recalcular las nuevas distancias, aprender a reconocer los nuevos ruidos y, muchas veces, también debemos acostumbrarnos a una nueva vida en pareja.

Hay distintos niveles, entre los más altos encontramos la muerte de un ser querido, luego vienen los accidentes o enfermedades catastróficas. Entre los medianos está el cambio de casa, que implica moverse de la seguridad donde tenías armada tu vida.

Además debemos sumarle el cambiar la dirección de las cuentas, poner la casa en orden, la limpieza, etcétera.

Es normal estar melancólica, ya que nos vamos a encontrar con objetos cargados de historia, cajas con objetos que teníamos olvidados, objetos con carga afectiva.

También el estrés del cambio de casa dependerá de los motivos por los cuales se produce. No es lo mismo mudarse para una casa mejor que por una crisis.

Para lograr alivianar la carga propia de un traslado, es necesario darse tiempo. Una buena idea pedir permiso en el trabajo, ya que la carga de estrés en esos días va a ser muy alto.

Este cambio es un proceso que no lo podemos apurar. El cambio de casa no es sólo físico, es también de vivencia, y volver a habitar un lugar nos lleva tiempo. Las investigaciones que nos indican que para volver a habitar un espacio, para volver a sentirlo un hogar, debemos permanecer por lo menos un mes.