BellezaSalud

Dejando de lado los complejos físicos

Si te esfuerzas por lograr un ideal estético socialmente impuesto, nunca podrás liberarte de tus inseguridades. Aprende cómo asumir tu propio cuerpo con sus encantos y debilidades, y a partir de allí emprende la actitud de mejorarlo sin basarte en el tamaño o forma ajenas, respetando tu estructura genética.

Todos nacemos con un cierto tipo de cuerpo, heredado de nuestros padres. Aunque estas categorías son relativas, podríamos citar tres: ectomorfos, mesomorfos y endomorfos.

Los cuerpos ectomorfos tienen un desarrollo muscular leve y corresponden a personas generalmente altas y delgadas, con músculos pequeños, de caderas y hombros estrechos.

Los mesomorfos tienen una musculatura fuerte y grande. A menudo poseen hombros anchos, y su peso se concentra en su parte superior, lo que los hace ver compactos o algo gruesos.

Los endomorfos se caracterizan por ser pesados, redondos, con hombros generalmente más estrechos que las caderas. Las personas que tienen estos cuerpos suelen tener una apariencia redonda y suave, y a menudo pueden estar excedidos de peso o ser obesos.

Sólo cuando entendamos y apreciemos nuestro cuerpo, podremos trabajar con él, y no contra él. Muchas de nosotras tenemos una combinación de dos tipos, y no podremos llegar a ser lo que no somos.

Pero todas podemos mejorar nuestra apariencia, niveles de salud y desempeño físico, aplicando los principios de un programa seguro y efectivo, tanto de dieta alimentaria como de ejercicios.

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Imagen: noverdadesdeldia