Relaciones

Consejos egoístas

"El problema es que él cree las sabe todas", me había dicho mi amiga Laura aquella tarde, mientras yo la miraba fijo a sus ojos azules y solo pensaba en lo bonita que era. Laura había sido mi amiga por años, desde los años de facultad, y amigo de su novio, Tomás, desde hacía todavía más tiempo. Lo conocía bien a Tomás: era soberbio, altanero y, efectivamente, creía saberlo todo. Pero no tanto en un sentido culto. Más bien, creía que podía leer a las personas a la perfección.

No voy a negar que no poseía cierta intuición para las personas. Sabía ser carismático y entender lo que los otros querían ver. Sabía llegar a la gente. Pero Laura se quejaba. Habían estado casados por tres años y ya no lo soportaba. Literalmente, no lo soportaba más, pero no sabía cómo decirselo, y además temía que se pusiera violento.

Yo sólo la aconsejé. Le dije que tenía que hacer lo que ella pensaba que sería lo mejor, y por lo que ella me decía, lo mejor era dejarlo. Le dije que al principio siempre cuesta pero que debe ser rápido, decidida, y que no debía pensarlo demasiado. Caí en todos los clisés en los que se puede caer cuando se dan consejos, solo porque en realidad no quería darle consejos: solo quería que lo dejara, porque hace años estaba enamorado de ella.

Pero claro, nunca lo dejó. Laura estaba enamorada, y contra eso no hay vacuna. Se quedó con Tomás, y la cosa siguió igual, y yo todavía espero que lo deje, pero, como va la cosa, nunca lo dejará.