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"Alimentos funcionales"… al bolsillo

Hace pocos días hacíamos referencia a un test de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que nos preguntaba cuánto sabemos acerca del agua. Un reportaje de El País de hoy, llama la atención sobre un tema que, también, los usuarios deberíamos conocer más a fondo: los llamados “alimentos funcionales”.

Estos “alimentos funcionales” son aquellos que se ofrecen con un plus, algún aditivo especial que nos hará presuntamente mejor a la salud, y que, por tanto, son más caros. Así, cuando vamos al mercado podemos ver leches que “ayudan a regular el nivel de colesterol”, yogures que atacan el “tránsito lento”, y hasta zumos sin grasas. Detrás de todas estas maravillosas características suele haber una bien planeada estrategia de marketing que intenta añadir a productos de consumo diario un extra para que sea consumido por mayor cantidad de gente, a un precio más elevado.

El problema, como se encarga de denunciar el repotaje mencionado y la OCU, es que la ley española no exige que en los productos se detalle con precisión de qué manera esos aditivos tan fundamenales están presentes en su composición. Así, los fabricantes tienen la libertad de arrogarse para sus productos propiedades magníficas, sin tener que demostrarlo con demasiado esfuerzo: la normativa exige que alguna autoridad científica que avale los productos, pero puede ser cualquier entidad, formada burocráticamente y sin regulación verdadera.

En un apartado de su web muy interesante, la OCU se ocupa de analizar uno por uno algunos de estos alimentos “funcionales”. Allí, por ejemplo, aparece la leche fermentada “Actimel”, producto estrella de Danone, que, según los expertos de la OCU, “se trata de una leche fermentada más, equiparable a cualquier yogur que
exista en el mercado, aunque eso sí, a un precio muy superior.”

Fuentes El País OCU