Salud

¿Eres friolenta? ¿Chucho o escalofrío?

La sensación de frío habitualmente corresponde a la percepción de bajas temperaturas del medio ambiente. Pero la sensación térmica depende además de las variables atmosféricas térmicas, a la temperatura interna de nuestro organismo. No debemos confundir la sensación de frío, con escalofríos o con chuchos de frío, que son conceptos distintos producidos también por mecanismos diferentes.

El escalofrío añade a la percepción de baja temperatura una sensación peculiar, que recorre el tronco, además se suele asociar con pilo erección, también conocida como piel de gallina, en la que nuestra epidermis adquiere un aspecto granulado característico. Es una respuesta del organismo a la necesidad de mantener elevada su temperatura interna, lo que se logra mediante una secreción adrenérgica, que produce vasoconstricción de los vasos cutáneos.

Al limitar la circulación de sangre por nuestra piel, parecerá más blanca, pálida, se disminuye también el contacto de la sangre con el frío del entorno: de este modo se irradia menos temperatura, y ahorramos calor.

El escalofrío se puede  dar tanto cuando baja la temperatura del medio ambiente como cuando comienza a elevarse la temperatura corporal por fiebre.

La sensación experimentada al padecer un chucho es muy penosa y mucho más desagradable que la del escalofrío, no sólo por una sensación de frio más intensa, sino por acompañarse de movimientos musculares involuntarios bruscos, con sacudidas que son similares a una convulsión leve.

El chucho tiene como objetivo de elevar la temperatura del organismo, pero no por el mecanismo de evitar la pérdida de calor corporal, sino produciendo más calor por medio de un intenso trabajo muscular.

El chucho tiene gran valor diagnóstico para investigar la existencia de una posible infección bacteriana. En efecto, es la expresión clínica de una descarga séptica desde el foco infeccioso a la sangre.